INTERINOS DE LA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE PANDEMIA

No soy el maestro más experimentado, ni tampoco el más capacitado, así que no estoy para dar lecciones a nadie; debe tomarse más bien como la necesidad de un profe de educación física del montón que ejerce de manera eventual en una escuela corriente, por liberar la emoción contenida en el último día de trabajo.

Cualquiera que haya ejercido esta maravillosa profesión durante el periodo de pandemia, sabe lo difícil que ha sido y está siendo, lidiar con una enfermedad desconocida, con informaciones contradictorias, en un entorno lleno de restricciones y protocolos “imposibles”, con el único objetivo de permitir una educación presencial segura y responsable. Para todos ha sido extremadamente complicado, me consta,  pero para los profes de #edufis esto ha sido el “¡más difícil todavía!”. Las limitaciones superaban con creces las posibilidades, y aún con todo esto, muchos de ellos y ellas, han sabido reinventarse creando escenarios propios de películas de cine, a través de los cuales han permitido que su alumnado evolucione  y se desarrolle de manera equilibrada, cuando las circunstancias y el entorno insisto, sugerían todo lo contrario.

Una de las preguntas que me hice al comienzo de este curso fue: ¿Seré capaz de ofrecer una formación de calidad que, se ajuste a legislación vigente  atendiendo a todas las limitaciones y restricciones, “con la que está cayendo”?

El desconcierto,  y por qué no decirlo, temor y tensión inicial ante el desconocimiento de lo que pudiera pasar, quedan a un lado cuando observas cada día, cómo los más pequeños te dan una lección de comportamiento y saber estar.  Lo que comento es un síntoma generalizado, no digo nada nuevo. Cuando hablas con colegas de profesión, todos manifiestan el mismo sentir: “los niños/as han estado muy por encima de lo esperado, enseñándonos casi tanto (a veces más), como aprendiendo”.

Dicho esto, algunas veces tienes además, la suerte de “caer” en un centro donde los profesionales que lo conforman te facilitan enormemente tu trabajo. Equipo directivo comprometido cuidando cada detalle y siempre receptivos ante cualquier sugerencia; especialistas súper profesionales brindándote la posibilidad de trabajar de manera coordinada aprendiendo de ellos/as; compañeras/os de nivel que te transmiten todo su conocimiento para que puedas atender cada caso con las mayores garantías, y compañeros de #edufis con suficientes años de experiencia y calidad humana como para escribir varias enciclopedias. Eso es exactamente lo que lleva pasándome desde que tengo la suerte de formar parte de esta profesión.

Este curso además, lo mencionado hasta el momento se ha multiplicado por mil, y es aquí donde quería llegar. Pienso que, y esto es más bien una reflexión personal en voz alta, el haber compartido este delicado momento, en el que la inseguridad que representa tener incrustada en la cabeza la pregunta “¿Estaré haciendo bien las cosas?”, y el aprendizaje de nuevas rutinas, acciones y protocolos de manera inmediata para los que nadie estaba preparado, ha estrechado más si cabe, los vínculos entre profesionales de la enseñanza en general, y entre los que conforman cada centro en particular.  

El aprovechar cada segundo disponible para comentar impresiones por los pasillos, en los patios y recreos, en las reuniones de coordinación y/o evaluación (presenciales o por videoconferencia), a la salida del colegio y en los aparcamientos, a través de las redes sociales, etc., y compartir experiencias que están funcionando en cada caso, y que de seguro nos abren a los demás nuevas posibilidades en la propia materia/área, es algo para reflexionar, alegrarse, y sacar pecho; es el momento de agradecer y así lo hago, el esfuerzo, trabajo, tenacidad, compromiso, compañerismo, generosidad y un largo etcétera, de tantísimos super héroes, en la mayoría de casos anónimos, que se dedican a “crear singulares y maravillosos espacios de aprendizaje”, a pesar de las circunstancias, o sobre todo por ellas.

Mi agradecimiento es doble porque aun me quedan los grandes protagonistas de este momento, y a buen seguro todos sabéis en quienes estoy pensando…, por supuesto que sí! Los niños y niñas que con su espontaneidad y sencillez, relativizan este complicado momento, dándonos un ejemplo de actualización impropio de su edad. No solo asumen e interiorizan de manera inmediata la extraordinaria situación y la retahíla de nuevas normas y reglas que no todos entienden, sino que se convierten en transmisores y cuidadores de que se cumplan a rajatabla entre su grupo de iguales. Es para estremecerse de la emoción, no creéis lo mismo?

Lo que no llevan tan bien es el distanciamiento forzoso con sus amigos/as y compañeros/as de aula; ese momento  en el que unían sus manos para entrar juntos cada día a clase; esa mano en el hombro para contarle algo al oído; ese corrillo en el que todos aupaban al compañero/a que se había caído; ese abrazo sincero con el que mutuamente se reconfortaban; esa caricia que ayudaba al amigo triste a recomponerse; esos juegos de patio en los que la cadena (unión de manos) era cada vez más grande; todo eso y más, no consiguen asimilarlo; y no lo consiguen porque es antinatural, y porque nosotros los adultos tampoco lo asimilamos, y porque tampoco somos capaces de darles una respuesta razonable. Lo acatamos…lo acatan, y nada más. También les pedimos que resetearan sus cerebros, y donde les dijimos que compartir era algo importante, y ayudar a los demás lo más bonito del mundo, ahora les decimos que cada uno traiga lo suyo porque no podrá prestar a nadie, ni que le sea prestado, y que lo de ayudar está difícil, por no decir imposible, si eso implica romper la distancia social.

Pues bien, si después de todo esto y de otras tantas cosas más que se os ocurren en este momento y que suceden cada día en cada centro escolar, no es para aplaudir a todos nuestr@s niñ@s hasta que nos duelan las manos, ya me contaréis cuando lo es. Yo me quito el sombrero, la visera o lo que sea.

Termino ya con una experiencia muy personal. El título del post ya ofrecía alguna pista sobre lo que podía esconder su interior. Lo dejé a propósito para el final, porque de haber sido al contrario, las lágrimas y la emoción no me hubiesen permitido seguir.

Es de todos conocido que la mayor parte de los docentes que comienzan su andadura en esta difícil y apasionante profesión, tienen que correr de un centro a otro hasta que, por méritos propios, por circunstancias del destino, o por ambas cosas, se asientan en un lugar fijo para desempeñar su labor profesional de la mejor manera posible. El caso de los interinos es el primero de ellos: estar pendiente de las listas de sustituciones para intentar aprovechar cualquier posibilidad, y demostrar la propia valía. La incertidumbre es múltiple, y a bote pronto se me ocurren 3 cuestiones: por un lado el tiempo limitado para ejercer; por otro el de “conectar” con el resto del claustro en tiempo record y sacar el mayor provecho, y que solo será posible a través de una buena comunicación interprofesional;  por último y más difícil, trasladar nuestras mejores intenciones, basándonos en experiencias y teorías de otros que saben mucho más, a la práctica docente, intentando que nuestros alumnos las reciban con entusiasmo, y además favorezcan su desarrollo.  

Difícil objetivo ¿verdad? Pues ahí va la inesperada respuesta…NO, o al menos no tanto. Recuerden que hablo desde la propia experiencia y que no estoy para dar lecciones a nadie; es una reflexión y vivencia personal, nada más. Cuando digo que no es tan difícil lo hago por alguna buena razón, y eso es exactamente lo que voy a explicar.

Ya mencioné que uno de los retos es el de “conectar” con el resto del claustro. En mi caso he tenido la suerte de encontrarme con extraordinarias personas , dotadas de una sensibilidad y capacidad para empatizar sin parangón. Gracias a ellas, me he sentido parte de la comunidad desde el primer día, me he sentido respetado, valorado y querido a partes iguales, y eso apreciad@s lectores y compañer@s “no se paga con dinero”.

Otra de las cuestiones que mencioné fue la incertidumbre por la aceptación que pudieran tener las actividades planteadas, y su contribución real al desarrollo de los alumnos. Creerme si en este momento tengo ya un nudo en la garganta. Cuando un alumno/a (recordemos que son niñ@s en el más amplio sentido de la palabra), te dice a quemarropa cosas como: “En tus clases soy muy feliz”; “Ojalá fueras mi profe toda mi vida”; “Me ha gustado todo lo que hemos hecho contigo”; “Nunca antes me había gustado la educación física, pero desde que viniste me encanta”; “Te voy a echar muchísimo de menos (con los ojos empañados de lágrimas)”; hay que ser muy fuerte para no romper en llanto, aún sabiendo que sus sentimientos y emociones son exagerados, aunque también tremendamente sinceros, y que desde luego no eres objetivamente el mejor profe del mundo, y que el profe de educación física que llegue después, y el siguiente, y el siguiente, y el…, despertarán los mismos sentimientos, porque tenemos la suerte de impartir la mejor asignatura del mundo. Volviendo al inicio, debo decir que aunque haga el mayor de los esfuerzos, no soy tan fuerte; se me quiebra la voz cada vez que me enfrento a una despedida, y se me humedecen los ojos sin que pueda evitarlo. Menos mal que este año la famosa mascarilla permite salvaguardar parte del decoro.

Este curso además hay otras circunstancias que lo hacen especial: niños que esperan a la salida de clase para darme papelitos doblados y escritos con manos temblorosas en las que me cuentan sus emociones; alumnos que me piden por favor que haga asamblea en círculo el último día de mi clase porque quieren que yo conozca de primera mano cómo se sienten; pequeños que plasman toda su creatividad en un folio en el que me representan y se representan a ellos mismos, con amplias sonrisas disfrutando de la clase; complots para que al grito de “ahora”, me rodeen y me den un inesperado abrazo grupal, dejándome una sensación de profunda gratitud hacia ellos; gratitud por haber formado parte de sus vidas; gratitud por recibir muchísimo más de lo que di; gratitud por tener la posibilidad de ejercer esta profesión.

La tarea que al principio se presentaba como titánica finalmente no lo fue tanto, gracias a todas las personas y personitas que contribuyeron precisamente a que “no fuera tan difícil”. Y si no lo fue para mí, es muy probable que tampoco lo sea para vosotr@s, sobre todo si tenéis la suerte de que tod@s ell@s se crucen en vuestro camino. Estoy convencido de que tenemos el trabajo más emocionante del mundo, capaz de gratificarte incluso cuando “pintan bastos”. Yo no pienso perderme la próxima aventura, allí donde me lleve el destino, y aprovecharé cada oportunidad para “fabricar” nuevos recuerdos que permanezcan para siempre en mi memoria.

Tu también piensas lo mismo verdad, querid@ amig@ interin@? Pues adelante, la oportunidad está a punto de llamar a la puerta. ¡¡Aprovéchala!!

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Mimando a los deportistas del mañana. ¿Te apuntas?

A nadie que haya vivido y sentido el deporte en cualquiera de sus manifestaciones, primero como practicante, más tarde al cargo de un grupo de chicos/as con inquietudes deportivas, y por último como espectador deseoso de seguir disfrutando, aunque ya desde una posición más relajada y menos directa, se le escapa la dificultad que entraña “formar” a unos chicos/as desde sus inicios. Sin embargo no es requisito imprescindible, el tener que haber pasado por todos estos estadíos, ni tan siquiera por uno solo, para tomar conciencia de este hecho.
La pretensión y objetivo fundamental de cualquier club deportivo respecto a la iniciación deportiva de sus practicantes (deporte base), al menos de los que tengo el gusto de conocer, es un compendio entre la transmisión de los conocimientos teóricos, el aprendizaje de los gestos técnicos y la adquisición de fundamentos tácticos de la especialidad deportiva a la que se dirija; el desarrollo armónico, equilibrado e integral de todas las capacidades/habilidades físicas básicas, haciendo un guiño especial a aquellas que tienen más predominancia en el deporte elegido; y la transmisión/adquisición de una serie de valores, normas y actitudes, fundamentales para que esa “formación” sea completa. Intentando aglutinar todo lo anterior en unas pocas palabras, estaríamos hablando de una “educación físico-deportiva” para todos los chicos/as que se encuentren a su cargo.
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Para poder llevar este ambicioso objetivo a cabo es necesario rodearse, o al menos intentarlo, de los mejores profesionales posibles, y al alcance. Cuando hablo de profesionales, no me refiero exclusivamente a títulos académicos y/o federativos, sino profesionales en el trato humano, en empatía, en proactividad, en responsabilidad y respeto, en liderazgo, en ser y servir de ejemplo para todos aquellos a los que pretenden despertar y afianzar el amor, y la pasión por el deporte bien entendida. Los clubes deportivos humildes, que luchan cada temporada por subsistir y seguir adelante con este proyecto y objetivos, necesitan de la ayuda de “todos” para conseguirlo.
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He hablado de aquellos que desempeñan cargos de responsabilidad, y por lo tanto que pertenecen al cuerpo técnico u organigrama del club, pero no son los únicos que forman parte del mismo. En estos clubes hay muchos más que aportan, en la medida de sus posibilidades, “algo” que sirve para sumar y hacer que todo tenga lugar. Hablo de los padres y familiares de los/as deportistas, de los patrocinadores y/o empresas privadas, de los ayuntamientos y estamentos oficiales, y de las federaciones deportivas por poner algunos ejemplos. Por tanto ese “algo”, se refiere en algunos casos a aportaciones económicas y/o subvenciones, en otros a la utilización de servicios de manera gratuita, en otros a la compra de material deportivo, en otros a la prestación de servicios, y en otros muchos a la comprensión y valoración del trabajo que cada día desempeñan cada uno de los “profesionales” que viven y comparten experiencias únicas y emocionantes con los deportistas del futuro.
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Estos profesionales “miman” en cada minuto, en cada entrenamiento, en cada competición, en cada decisión difícil, a cada uno/a de los/as deportistas a su cargo; son su responsabilidad y están felices por ello; son su responsabilidad y piensan en ellos y en cómo pueden ayudarles a progresar, mientras están en su tiempo libre; son profesionales dentro y fuera del ámbito deportivo, pues sienten que así debe ser para convertirse en espejo y referencia para sus chicos/as; son profesionales y su intención es que aquello que les trasladan, les sirva para su día a día, para resolver problemas cotidianos; son profesionales porque así lo han decidido incluso renunciando a otras cosas; son profesionales pero necesitan de la ayuda de “todos” para cumplir su sueño.
La felicidad de sus deportistas es su máxima aspiración, y para ello trabajan con ahínco cada día. Tiéndeles tu mano, tu voluntad, tu aliento y comprensión; no se lo pongas más difícil.
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Mis primeros pasos en el deporte: El fútbol

Para comenzar este post he necesitado muchas horas de reflexión y aún así seguramente me dejaré algunas cosas en el tintero. Voy a hablaros desde mi experiencia personal con este maravilloso grupo de niños que algún día y según sus propias palabras “jugarán en el Real Madrid, Barcelona, España, Racing de Santander,..”
Este era el aspecto del grupo de niños de 4, 5 y 6 años en la Escuela Municipal de Fútbol de Noja, cuando comencé la temporada 2013-2014:

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Lo que explicaré a continuación causará cierta controversia y habrá algunos que no estén de acuerdo, pero esta es mi experiencia y así la voy a narrar.
Después de dedicar muchos años y mucho trabajo al desarrollo y potenciación de las capacidades físicas y técnicas de los niños, con edades que iban de los 4 a los 15 años, se me ofrece la oportunidad de fomentar la práctica deportiva y por ende del fútbol, en el grupo de niños que anteriormente mencioné.
En primer lugar, debo hacer notar que al contrario de lo que algunos creen, la categoría de edad de 4-5 años es a la postre igual ó incluso,  más exigente que el resto. Los niños a esta edad, están permanentemente alerta, te exigen dar todo lo que sabes en cada sesión, identifican y reaccionan a cambios de temperamento y tono de voz pero por el contrario no tienen reservas a la hora de expresar su cariño. A estas edades mi objetivo ha sido y será, el desarrollo armónico de todas las capacidades y cualidades físicas, así como una iniciación en el manejo del balón con cualquier parte del cuerpo. Esto que parece sencillo sobre el papel, es bastante más difícil de trasladar a la práctica y uno de los motivos fundamentales es nuestra tradición y conceptos futbolísticos. ¿Cómo es posible que el niño pueda mejorar en el “fútbol” si no está chutando continuamente el balón?
Espero poder contestar a esta pregunta a lo largo de esta exposición.
Antes de nada debo mencionar que los niños a estas edades deben experimentar con aquellos materiales que les podamos ofrecer, por tanto creo más oportuno motivar e incentivar acciones que surjan espontáneamente, que adiestrar o adoctrinar. De esta forma lo que pretendo es que el propio niño encuentre tanto sus posibilidades como sus limitaciones en diferentes situaciones propuestas por mí o incluso por ellos mismos.
No estoy hablando de libre albedrío, si no de situaciones controladas, de juegos propuestos con un fin y objetivo, que llegará gracias a la libertad de expresarse  de manera natural. Debemos entender que cada niño es diferente, y por tanto su aprendizaje también lo será. Nunca me ha preocupado el hecho de que a un niño “no le salgan las cosas que quiere” en un determinado momento, me preocupa mucho más el hecho de que exigirle algo que aún no esté capacitado para realizar, represente para él una situación tan frustrante que nunca más quiera oír hablar de deporte, fútbol en este caso ó cualquier actividad deportiva.
A la pregunta de si considero necesario que un niño de 4 años esté permanentemente chutando el balón con el pié para adquirir todas las capacidades (físicas, tácticas y técnicas), mi respuesta será siempre que no. En este caso la experiencia juega un papel principal, más aún que los fundamentos teóricos que yo pueda tener. Esta experiencia me ha demostrado que la mayoría de los niños, son capaces de desarrollar  las habilidades y capacidades consideradas como apropiadas para su edad, en un ambiente donde se incentive más la exploración y el descubrimiento, que el mecanismo repetitivo de un determinado movimiento futbolístico. Se auto motivan con sus propios progresos, por muy pequeños que estos sean, desarrollan las competencias necesarias para su edad e interactúan con los demás adquiriendo valores importantísimos desde mi punto de vista, hablo de normas de comportamiento, educación, responsabilidad, cooperación, etc.
Para todo lo demás estamos nosotros, que actuaremos como instrumentos facilitadores de sus progresos y evolución. Siempre desde un segundo plano, respondiendo a los requerimientos que nuestros niños puedan tener, motivando en las situaciones donde percibamos que lo necesitan, corrigiendo comportamientos no adecuados.
¿Es entonces lo más importante estar golpeando repetitivamente el balón con el pie?
Espero haber sido capaz de trasladar lo que considero primordial, pero por si no ha quedado claro todavía, entiendo que para ellos es más beneficioso desarrollarse de manera integral en el ambiente más agradable posible. Si para ello tengo que utilizar otro elemento que no sea un balón y utilizar cualquier parte del cuerpo, pues ese será el camino que seguiré.
Este es el aspecto del fantástico grupo de niños del que soy responsable, después de 4 meses: 

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Estoy tremendamente orgulloso de pertenecer a este increíble grupo de niños. Soy perfectamente consciente de que recibo mucho más de lo que les doy y cada día intento esforzarme al máximo para satisfacer su innata curiosidad y afán de crecimiento. Es una ardua labor que desempeño con gratitud hacia ellos; son capaces de transformar un día normal en uno excelente y es satisfactorio a nivel personal, ver como evolucionan cada día más y más. Es esta una gran familia, de la que formo parte y ellos son mis protagonistas.
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SANTIAGO: Caminando hacia una PROMESA

Después de recuperar fuerzas y de tener unos días para la reflexión sobre la última prueba superada, creo que estoy en condiciones de trasladaros las sensaciones, pero sobre todo las emociones vividas a lo largo de esta experiencia,  que desde su finalización ha marcado un punto de inflexión, en el devenir de este que ahora os escribe.
Como ya sabéis, iniciamos nuestro periplo en Sarria, localidad que se encuentra en la provincia de Lugo, a 112 Km de Santiago. Siempre he valorado muchísimo la capacidad de superación de las personas; esa que les infunde del coraje necesario para abordar cualquier prueba que les ponga la vida, pero después de lo que he visto todavía lo valoro mas.
Nuestro comienzo es uno de tantos otros, pero distinto a la vez. Nosotros vamos a cumplir una promesa, la nuestra. Los comienzos siempre son más fáciles, el nuestro al menos lo fue. Comenzamos muy de madrugada con la motivación por las nubes, una alegría inusual y muchísimas ganas de comernos los kilómetros disfrutando del paisaje y de la compañía; la de los demás y la nuestra propia.
Avanzamos a paso ligero hablando sin parar y deleitándonos con todo lo que nos rodeaba y casi sin darnos cuenta estamos en los famosos últimos 100 km a Santiago. Después de revisar de nuevo nuestro itinerario y las etapas que nos habíamos marcado, foto de rigor y continuamos la marcha por senderos maravillosos que desprenden algo más que el aroma a pino, eucalipto y manzana verde…es otra cosa, algo que no se ve pero que se siente.
A medida que pasan los km nos damos cuenta de un detalle del que no fuimos conscientes al comienzo; la gente abandona la charla para concentrarse en sus propios pensamientos, esos tan íntimos que no se pueden compartir. A ratos se habla sí, pero a ratos el silencio se apodera de aquellos que saben que tienen la recompensa a tan pocos kilómetros.
Se suceden pueblos, aldeas, ríos, bosques, gentes…todo ello  va dejando un recuerdo imperecedero en nuestra memoria.
Comienzan los primeros signos de cansancio evidente y las articulaciones se resienten por el desgaste del camino, pero sobre todo los pies emiten un sordo quejido exigiendo un poco de descanso. No les prestamos demasiada atención; no podemos dejar que esta incómoda sensación eche por tierra nuestro objetivo. No tenemos más que mirar hacia cualquier lado, para encontrarnos con personas en muchísimas peores condiciones que nosotros; gente muy mayor que comenzó el camino en Roncesvalles, gente con los pies destrozados por ampollas imposibles de curar, pues el camino no ha terminado aún, gente a la que cada paso le supone un esfuerzo brutal, cada uno con su historia…pero nadie da marcha atrás, nadie piensa en abandonar y el ánimo de los que caminan junto a él, hace que cada paso merezca la pena.
Es un camino para el disfrute, para la comunicación, para el recogimiento, para la comprensión, pero también para la superación tanto personal como colectiva.
Cada día es especial a su manera; Galicia nos deleita con sus maravillosos amaneceres, casi siempre rodeados de una profunda niebla que casi podemos cortar con un cuchillo, y las noches son aún tan cálidas que permiten disfrutar de puestas de sol increíbles sentados a una mesa, siempre con  entretenida y sosegada conversación.
Sin darnos cuenta, estamos en la recta final de nuestro camino. Hacemos noche en un maravilloso Pazo Gallego, a 10 km de Santiago. Es una noche distinta; los nervios, el dolor, el cansancio y la ansiedad, se entremezclan sin orden aparente. Es difícil conciliar el sueño, pero es más fuerte que nosotros y caemos rendidos.
Último desayuno y comienza la marcha. Nos encontramos con muchísima gente en el camino; todos queremos llegar a la “misa del peregrino”. A 5 kilómetros se encuentra el  “Monte Do Gozo”; la parada es obligada y desde allí como bien sabéis os envié un pequeño vídeo.
Es imposible no emocionarse en este lugar; tiene algo especial y diferente que no sabría explicar con palabras… Ya es el momento de continuar la marcha y así lo hacemos.
A medida que nos acercamos a la ciudad desaparece la sensación de dolor y sonreímos sin motivo aparente. Nuestros pies son más ligeros y caminan más deprisa; nos transportan a toda velocidad hacia la Catedral.
Ya la vemos, ya estamos llegando, el corazón late desbocado; nos cogemos de la mano, ha sido un duro camino que hemos sufrido juntos y juntos debemos entrar;  y caminamos en silencio los últimos metros hasta quedar frente a la Catedral de Santiago, en la famosa Plaza Obradoiro.
Se nos caen los bastones de la mano, es nuestro momento y nos fundimos en un abrazo; nos abandonamos a esta sensación, no sé cuánto dura pues he perdido la noción del tiempo; esta es nuestra recompensa,lo hemos logrado. PROMESA CUMPLIDA.
Aún quedan cosas por hacer. Debemos sellar nuestras credenciales y recoger “La Compostela”, pero aún hay más. Con nosotros llevamos multitud de deseos y peticiones de nuestros amigos; esos amigos que no nos han abandonado en el camino, más bien todo lo contrario, nos han dado muchísimas fuerzas y ánimos que han sido imprescindibles para que hoy pueda narrar esta historia.
Es el momento de agradeceros todas éstas muestras de cariño y apoyo y no se nos ocurre mejor manera de hacerlo que presentar vuestros deseos junto con nuestro agradecimiento, en la “Misa del Peregrino”; y así lo hacemos.
La Catedral se llena de peregrinos, compañeros de viaje, caminantes de todos los rincones del mundo que asisten, o mejor aún asistimos, en un silencio respetuoso y emocionado a la misa que se nos ofrece. Muchas miradas de complicidad y respeto mutuo se suceden durante este momento. Todos somos peregrinos y todos hemos sufrido para conseguir estar ahí; es nuestra celebración, la de todos; nos lo hemos ganado.
Ya se termina la ceremonia y parece que todo acaba, pero nada más lejos de la realidad. Santiago, su gastronomía y sus gentes nos esperan para que nos llevemos otro recuerdo imborrable, y nos los haremos esperar.
No sé cómo expresar el agradecimiento que siento por tantas muestras de apoyo y cariño durante estos días pasados, así que repetiré una frase que tantas veces he oído y escuchado durante este camino, pues resume en pocas palabras mis deseos hacia vosotros:
“BUEN CAMINO AMIGOS”, allá donde quiera que os dirijáis.
 Un fuerte abrazo para todos vosotros.
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Camino de Santiago

Cuando caminar significa algo mas que actividad física, ¡PROMESA CUMPLIDA!

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