SANTIAGO: Caminando hacia una PROMESA

Después de recuperar fuerzas y de tener unos días para la reflexión sobre la última prueba superada, creo que estoy en condiciones de trasladaros las sensaciones, pero sobre todo las emociones vividas a lo largo de esta experiencia,  que desde su finalización ha marcado un punto de inflexión, en el devenir de este que ahora os escribe.
Como ya sabéis, iniciamos nuestro periplo en Sarria, localidad que se encuentra en la provincia de Lugo, a 112 Km de Santiago. Siempre he valorado muchísimo la capacidad de superación de las personas; esa que les infunde del coraje necesario para abordar cualquier prueba que les ponga la vida, pero después de lo que he visto todavía lo valoro mas.
Nuestro comienzo es uno de tantos otros, pero distinto a la vez. Nosotros vamos a cumplir una promesa, la nuestra. Los comienzos siempre son más fáciles, el nuestro al menos lo fue. Comenzamos muy de madrugada con la motivación por las nubes, una alegría inusual y muchísimas ganas de comernos los kilómetros disfrutando del paisaje y de la compañía; la de los demás y la nuestra propia.
Avanzamos a paso ligero hablando sin parar y deleitándonos con todo lo que nos rodeaba y casi sin darnos cuenta estamos en los famosos últimos 100 km a Santiago. Después de revisar de nuevo nuestro itinerario y las etapas que nos habíamos marcado, foto de rigor y continuamos la marcha por senderos maravillosos que desprenden algo más que el aroma a pino, eucalipto y manzana verde…es otra cosa, algo que no se ve pero que se siente.
A medida que pasan los km nos damos cuenta de un detalle del que no fuimos conscientes al comienzo; la gente abandona la charla para concentrarse en sus propios pensamientos, esos tan íntimos que no se pueden compartir. A ratos se habla sí, pero a ratos el silencio se apodera de aquellos que saben que tienen la recompensa a tan pocos kilómetros.
Se suceden pueblos, aldeas, ríos, bosques, gentes…todo ello  va dejando un recuerdo imperecedero en nuestra memoria.
Comienzan los primeros signos de cansancio evidente y las articulaciones se resienten por el desgaste del camino, pero sobre todo los pies emiten un sordo quejido exigiendo un poco de descanso. No les prestamos demasiada atención; no podemos dejar que esta incómoda sensación eche por tierra nuestro objetivo. No tenemos más que mirar hacia cualquier lado, para encontrarnos con personas en muchísimas peores condiciones que nosotros; gente muy mayor que comenzó el camino en Roncesvalles, gente con los pies destrozados por ampollas imposibles de curar, pues el camino no ha terminado aún, gente a la que cada paso le supone un esfuerzo brutal, cada uno con su historia…pero nadie da marcha atrás, nadie piensa en abandonar y el ánimo de los que caminan junto a él, hace que cada paso merezca la pena.
Es un camino para el disfrute, para la comunicación, para el recogimiento, para la comprensión, pero también para la superación tanto personal como colectiva.
Cada día es especial a su manera; Galicia nos deleita con sus maravillosos amaneceres, casi siempre rodeados de una profunda niebla que casi podemos cortar con un cuchillo, y las noches son aún tan cálidas que permiten disfrutar de puestas de sol increíbles sentados a una mesa, siempre con  entretenida y sosegada conversación.
Sin darnos cuenta, estamos en la recta final de nuestro camino. Hacemos noche en un maravilloso Pazo Gallego, a 10 km de Santiago. Es una noche distinta; los nervios, el dolor, el cansancio y la ansiedad, se entremezclan sin orden aparente. Es difícil conciliar el sueño, pero es más fuerte que nosotros y caemos rendidos.
Último desayuno y comienza la marcha. Nos encontramos con muchísima gente en el camino; todos queremos llegar a la “misa del peregrino”. A 5 kilómetros se encuentra el  “Monte Do Gozo”; la parada es obligada y desde allí como bien sabéis os envié un pequeño vídeo.
Es imposible no emocionarse en este lugar; tiene algo especial y diferente que no sabría explicar con palabras… Ya es el momento de continuar la marcha y así lo hacemos.
A medida que nos acercamos a la ciudad desaparece la sensación de dolor y sonreímos sin motivo aparente. Nuestros pies son más ligeros y caminan más deprisa; nos transportan a toda velocidad hacia la Catedral.
Ya la vemos, ya estamos llegando, el corazón late desbocado; nos cogemos de la mano, ha sido un duro camino que hemos sufrido juntos y juntos debemos entrar;  y caminamos en silencio los últimos metros hasta quedar frente a la Catedral de Santiago, en la famosa Plaza Obradoiro.
Se nos caen los bastones de la mano, es nuestro momento y nos fundimos en un abrazo; nos abandonamos a esta sensación, no sé cuánto dura pues he perdido la noción del tiempo; esta es nuestra recompensa,lo hemos logrado. PROMESA CUMPLIDA.
Aún quedan cosas por hacer. Debemos sellar nuestras credenciales y recoger “La Compostela”, pero aún hay más. Con nosotros llevamos multitud de deseos y peticiones de nuestros amigos; esos amigos que no nos han abandonado en el camino, más bien todo lo contrario, nos han dado muchísimas fuerzas y ánimos que han sido imprescindibles para que hoy pueda narrar esta historia.
Es el momento de agradeceros todas éstas muestras de cariño y apoyo y no se nos ocurre mejor manera de hacerlo que presentar vuestros deseos junto con nuestro agradecimiento, en la “Misa del Peregrino”; y así lo hacemos.
La Catedral se llena de peregrinos, compañeros de viaje, caminantes de todos los rincones del mundo que asisten, o mejor aún asistimos, en un silencio respetuoso y emocionado a la misa que se nos ofrece. Muchas miradas de complicidad y respeto mutuo se suceden durante este momento. Todos somos peregrinos y todos hemos sufrido para conseguir estar ahí; es nuestra celebración, la de todos; nos lo hemos ganado.
Ya se termina la ceremonia y parece que todo acaba, pero nada más lejos de la realidad. Santiago, su gastronomía y sus gentes nos esperan para que nos llevemos otro recuerdo imborrable, y nos los haremos esperar.
No sé cómo expresar el agradecimiento que siento por tantas muestras de apoyo y cariño durante estos días pasados, así que repetiré una frase que tantas veces he oído y escuchado durante este camino, pues resume en pocas palabras mis deseos hacia vosotros:
“BUEN CAMINO AMIGOS”, allá donde quiera que os dirijáis.
 Un fuerte abrazo para todos vosotros.
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Promocionando hábitos de vida saludable con una actitud positiva y mucha energía
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